El antropólogo Isidoro Moreno acuñó el concepto de «zona de sacrificio» para designar aquellos territorios que han sido sistemáticamente expoliados en beneficio del desarrollo de otros. Si trasladamos esa mirada a nuestra realidad local, la imagen es nítida y desoladora: Alcalá de Guadaíra se ha convertido en la Zona de Sacrificio 2.0 de Andalucía y, por extensión, del Estado español. La primera fase fue la explotación desaforada de las canteras de albero, una actividad que aún perdura. La segunda, más compleja y a menudo sutil, se articula en tres vectores superpuestos: la conversión del municipio en sumidero de residuos, la colonización de nuestros campos por plantas fotovoltaicas y la amenaza de una incineración masiva en la fábrica de Cementos Portland Valderrivas.
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